La autoestima de un niño o adolescente no se construye de un día para otro. Se desarrolla a través de las experiencias cotidianas, de la forma en que se relaciona con su familia, de cómo afronta los errores y, también, de la percepción que tiene sobre sus propias capacidades.
En el ámbito escolar, esta confianza puede tener una importancia especial. Un alumno que piensa que no es capaz de hacer algo puede dejar de intentarlo antes incluso de empezar. Por el contrario, sentirse capaz de mejorar puede cambiar por completo su actitud ante una dificultad.
Como padres, no siempre podemos evitar que nuestros hijos se equivoquen o tengan dificultades, pero sí podemos ayudarles a interpretar esos momentos de una manera más positiva.
1. Valorar el esfuerzo, no solamente el resultado
Las notas forman parte de la vida académica, pero no deberían ser la única medida del esfuerzo de un estudiante. Un aprobado después de semanas de trabajo puede representar un gran avance para un alumno que tenía dificultades.
Reconocer el esfuerzo ayuda al niño a entender que mejorar es un proceso y que sus resultados pueden cambiar con práctica, constancia y ayuda cuando sea necesaria.
2. Evitar las comparaciones
Comparar a un hijo con sus hermanos, compañeros o amigos puede parecer una forma de motivarle, pero normalmente consigue el efecto contrario. Cada estudiante tiene su propio ritmo, sus capacidades y sus dificultades.
En lugar de preguntar por qué no consigue los mismos resultados que otro alumno, es más útil observar su propia evolución y preguntarse qué puede hacer para seguir avanzando.
3. Normalizar los errores
Equivocarse forma parte del aprendizaje. Un examen que sale mal, un ejercicio que no se entiende o una asignatura que cuesta más no deberían convertirse en una etiqueta sobre la capacidad del estudiante.
Hablar de los errores con naturalidad permite que el alumno pueda analizarlos sin sentir que ha fracasado como persona.
4. Dar responsabilidades adecuadas a su edad
La autonomía también ayuda a desarrollar autoestima. Permitir que los hijos tomen pequeñas decisiones y asuman responsabilidades adecuadas a su edad les ayuda a comprobar que son capaces de hacer cosas por sí mismos.
En el ámbito escolar puede significar preparar la mochila, organizar el material, revisar una agenda o planificar parte de su tiempo de estudio.
5. Escuchar antes de buscar una solución
Cuando un hijo llega a casa diciendo que no entiende una asignatura o que cree que no va a aprobar, la reacción inmediata de muchos padres es buscar una solución. Sin embargo, antes puede ser importante escuchar qué está ocurriendo.
Quizá el problema no sea únicamente académico. Puede existir frustración, miedo a equivocarse, falta de confianza o simplemente cansancio acumulado.
6. Ayudarle a reconocer sus propios avances
Los estudiantes que tienen dificultades pueden centrarse fácilmente en aquello que todavía no consiguen hacer. Ayudarles a identificar pequeños progresos puede cambiar esa percepción.
Recordarles que ahora comprenden un concepto que hace unas semanas no entendían, que han mejorado en una asignatura o que son capaces de resolver ejercicios que antes necesitaban ayuda para completar puede reforzar su confianza.
Cuando las dificultades académicas afectan a la confianza
A veces, una sucesión de malos resultados termina influyendo en la autoestima del estudiante. Puede empezar a pensar que no sirve para las matemáticas, que estudiar no se le da bien o que haga lo que haga nunca conseguirá mejorar.
Cuando esto ocurre, es importante separar la dificultad concreta de la identidad del alumno. Tener problemas con una asignatura no significa ser mal estudiante ni carecer de capacidad para aprender.
En algunos casos, contar con un apoyo educativo adaptado puede ayudar a recuperar progresivamente la confianza, especialmente cuando permite trabajar las dificultades desde el punto en el que realmente se encuentra el alumno.
La confianza también se aprende
Fomentar la autoestima no significa decir constantemente a nuestros hijos que todo lo hacen bien. Significa ayudarles a conocerse, aceptar sus dificultades, valorar sus avances y entender que cometer errores forma parte del proceso.
Cuando un estudiante aprende que no tiene que ser perfecto para mejorar, es más probable que afronte los retos académicos con mayor seguridad y perseverancia.